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viernes, 13 de abril de 2012

El sistema solar tiene un hermano gemelo

El sistema solar tiene un gemelo a 130 años luz. Se trata de una serie de planetas, en concreto nueve, que orbitan alrededor de la estrella HD 10180, según publica el último número de la revistaAstronomy and Astrophysics. Hasta ahora se pensaba que el astro solo contaba con siete planetas.

Lo más interesante es que los dos nuevos planetas identificados son super-Tierras calientes que dan una vuelta alrededor del astro cada 10 y 68 días respectivamente. Aunque se encuentran demasiado próximos a la estrella para mantener agua líquida en su superficie, se trata de cuerpos rocosos sólidos parecidos a nuestro planeta, con masas entre 2 y 5 veces la terrestre. 

De momento se trata del sistema planetario más completo que se ha descubierto, y un lugar al que seguir apuntando los telescopios, según sugieren Miko Tuomi y sus colegas de la Universidad de Hertfordshire en las conclusiones del estudio, basado en datos obtenidos con el espectrógrafo HARPS.





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domingo, 18 de marzo de 2012

El asteroide que rozará la Tierra en 2013

El próximo año una roca de 50 metros de diámetro pasará más cerca de lo normal por nuestro planeta. El asteroide, bautizado como 2012 DA14 y descubierto por un equipo de astrónomos de la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés) viajará a tan solo 24.000 kilómetros de la Tierra, más cerca que muchos satélites comerciales.

Como explica Detlef Koschny, responsable del estudio de Objetos Próximos a la Tierra (NEOs) de la Oficina para el Conocimiento del Medio Espacial (SSA) de la ESA, "pasará a una distancia completamente segura, pero se acercará lo suficiente para que sea posible observarlo con unos prismáticos convencionales".
Pero, si pasará tan cerca de la Tierra, ¿por qué no se sabía de su existencia hasta el momento?Como explica Jaime Nomen, uno de los astrónomos implicados en el hallazgo, "es un objeto bastante difícil de observar debido a su trayectoria en el cielo de la mañana, su gran velocidad angular, su tenue brillo y las características de su órbita, que pasa muy por encima del plano orbital de la Tierra". De hecho, en palabras del propio Nomen, "podría haber pasado completamente desapercibido durante esta visita a nuestro planeta".
Y es que en este descubrimiento la ciencia española ha jugado un importante papel. El asteroide, desconocido hasta el momento por su pequeño tamaño, fue descubierto por el observatorio LSSS (La Sagra Sky Survey) situado muy cerca de Granada, a unos 1.700 metros de altitud. Y en el equipo de astrónomos hay varios españoles implicados.
El estudio de los asteroides es fundamental para la astronomía y, aunque los científicos han descartado el impacto con nuestro planeta, este tipo de descubrimientos es fundamental para observar cómo afecta el campo gravitatorio de la Luna y nuestro planeta a su trayectoria. Exactamente el día 15 de febrero de 2013 será el día que más cerca esté de nosotros y, aunque solo se trata de uno de los 500.000 objetos próximos a la Tierra que se estima están por descubrir, el paso del asteroide servirá para aumentar el conocimiento sobre este tipo de rocas gigantes.

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La infancia de nuestro sistema solar

La observación de estrellas que contienen sistemas planetarios en formación permite a los astrónomos obtener pistas sobre los orígenes de nuestro propio sistema solar. Un estudio publicado en The Astrophysical Journal ha analizado una región situada a 3.000 años luz de la Tierra en busca de indicios de formación de planetas.

La zona, conocida como Cefeo OB2, ofrece a los científicos una idea del ambiente en que se movía el Sol cuando se formó hace 4.600 millones de años. En ella se encuentran varias estrellas rodeadas de acúmulos de gas y polvo llamados discos protoplanetarios. Dichos discos han desaparecido de las estrellas más viejas, por lo que los científicos deducen que la formación de planetas debió suceder en etapas intermedias.
El estudio, en el que han participado investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, ha aprovechado las diferencias de temperatura en cada parte de los discos para poder estudiarlos. Como la estrella central calienta el disco protoplanetario, las partes interiores alcanzan temperaturas de hasta 1.200 grados, mientras que las zonas externas se encuentran a - 240. Debido a esto, cada región del disco emite luz de un color, y las longitudes de onda mayores indican zonas más frías. De esta forma, al combinar observaciones a distintas longitudes de onda es posible obtener información sobre las distintas zonas del disco.
Los científicos han encontrados discos en los que hay indicios de formación de cometas y planetas similares a los de nuestro Sistema Solar. Por ejemplo, algunos discos carecen de gas y polvo fino en su parte más interna y podrían conducir a la formación de planetas gigantes como Júpiter. En los discos de edades intermedias, los granos de polvo se han aglomerado en partículas que tienen una composición y organización similar a la observada en el polvo de cometas del Sistema Solar. Otros discos, sin embargo, plantean incógnitas, ya que tienen edades que superan los 10 millones de años y sin embargo no se observan en ellos indicios de formación planetaria.

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miércoles, 14 de marzo de 2012

Los «planetas errantes» son más comunes de lo que se creía

Según una nueva simulación, algunas estrellas, e incluso agujeros negros, podrían albergar planetas «nómadas» o «errantes» que son expulsados de sus sistemas solares al nacer. Al mismo tiempo, otro estudio sugiere que los planetas errantes son mucho más comunes de lo que se pensaba.

Los astrónomos no solían prestar atención a estos cuerpos errantes, llamados planetas interestelares. Sin embargo, durante los últimos años, observaciones indirectas de estos planetas que vagan por el espacio, junto con varias simulaciones realizadas, sugieren que realmente existen.

Un estudio publicado el jueves, por ejemplo, señala que podría haber hasta 100.000 planetas errantes por cada estrella, cuando antes los científicos creían que solamente habría dos por estrella. Sin embargo, lo que no se sabía era si las estrellas, los agujeros negros, e incluso otros planetas pueden capturar estos planetas interestelares.

Para descubrirlo, dos astrofísicos simularon la evolución de tamaños y densidades de cúmulos de estrellas.

Llegado el momento, los grupos de estrellas terminaban por disiparse como resultado de las fuerzas de la gravedad. Las simulaciones sugirieron que entre el 3 y el 6 por ciento de las estrellas albergan planetas errantes, una cifra muy superior a lo que se pensaba.

Siguiéndoles la pista

Los planetas errantes pueden ser «expulsados» de su sistema solar de varias maneras, como la interacción con otros planetas, la cercanía de una estrella o cuando una estrella se vuelve supernova.

Hasta el momento no hay forma de saber con certeza si un determinado planeta proviene de fuera de su sistema solar actual.

Sin embargo, los astrofísicos Hagai Perets, de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), y M.B.N. Kouwenhoven, de la Universidad de Pekín (China), creen que los planetas «capturados» tendrían órbitas muy grandes, distantes y elípticas, lo que demostraría que no están cerca de una estrella.

Estos planetas errantes podrían caer en órbita alrededor de un objeto a una distancia diez mil veces mayor que la distancia de la Tierra del Sol.

¿Cautivos de los agujeros negros?

En la simulación, cuanto más masiva y densa era una estrella, con mayor facilidad capturaba planetas errantes (los agujeros negros eran casi dos veces más eficaces que otros cuerpos celestiales).

Aproximadamente la mitad de los agujeros negros que tienen entre 5 y 15 veces la masa del Sol albergan estrellas «capturadas», y entre el 5 y el 10 por ciento de los agujeros negros capturaron en la simulación planetas errantes.

Eric Ford, astrofísico de la Universidad de Florida que no participó en el estudio, afirma que los resultados son muy convincentes. Sin embargo, considera que «es esencial saber qué tamaño tienen los cúmulos en los que se forman las estrellas, y cómo están estructurados. El tiempo es aquí un elemento crucial».

Señala que los planetas se forman durante periodos específicos del ciclo de vida de una estrella, que a su vez se inscribe en el ciclo de vida de un cúmulo de estrellas. Si un cúmulo se dispersa demasiado deprisa, habrá menos posibilidades de capturar planetas, debido a la distancia entre estrellas.

Los planetas pueden necesitar cientos de millones de años para formarse, por lo que si las estrellas del cúmulo se disipan antes de que el planeta termine de formarse y sea expulsado, según Ford, es posible que éste no alcance una velocidad suficiente para alcanzar otros sistemas solares.

¿Podrían chocar con la Tierra?

«Ahora ya no creemos que estos planetas sean algo excepcional, sino que son bastante comunes», añade Ford. Sin embargo, no parece probable que nuestro Sol albergue planetas errantes.

«Hay otras cosas de las que preocuparse antes de creer que uno de estos planetas pueda chocar contra la Tierra», afirma Ford, «los cometas o asteroides me preocuparían más».

El estudio de Peret y Kouwenhove sobre los planetas errantes, que ha sido presentado para su publicación en The Astrophysical Journal, está disponible en arXiv.org. El estudio que describe a los planetas errantes como cuerpos comunes ha sido presentado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

viernes, 2 de marzo de 2012

Retrato de estrellas embrionarias en el corazón de Orión

Usando los telescopios espaciales Herschel de la ESA y Spitzer de la NASA, un equipo de astrónomos han descubierto que el brillo de las estrellas en formación en el interior de la nebulosa de Orión cambia de forma sorprendentemente rápida.
Al superponer los datos recogidos por el instrumento para el infrarrojo lejano de Herschel con los de dos instrumentos de Spitzer que operan a longitudes de onda más cortas, se obtuvo esta imagen que muestra con detalle las estrellas en formación en el corazón de uno de los objetos más famosos del cielo nocturno,la nebulosa de Orión, que se encuentra a 1350 años luz de la Tierra, y se puede distinguir claramente en el cielo invernal visible desde Europa. También conocida como la "espada" de Orión, esta nebulosa se encuentra debajo de las tres estrellas que forman el "cinturón" de Orión "El Cazador", una de las constelaciones más fáciles de reconocer.
Esta nebulosa alberga el cúmulo de formación de estrellas más cercano a nuestro planeta, en el que las nubes de polvo y gas brillan al ser calentadas por la intensa luz ultravioleta emitida por las estrellas más jóvenes. Dentro de estas nubes de polvo -impenetrables para la luz visible- se acumula un gran número de estrellas embrionarias, todavía desarrollándose en la fase más temprana de su proceso de evolución. 

El proceso de formación de las estrellas comienza cuando una densa nube de polvo y gas empieza a aglutinarse y a colapsar bajo la acción de su propia gravedad, formando un núcleo central o protoestrella rodeado por un disco de acreción. A lo largo de cientos de miles de años, el material del disco va cayendo en espiral atraído por la protoestrella, hasta que ésta alcanza la densidad suficiente para arrancar el proceso de fusión y se convierte en una estrella madura.

Nicolás Billot, del Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM) en Granada, utilizó el telescopio Herschel para captar una imagen semanal de la nebulosa de Orión durante seis semanas, a finales del invierno y durante gran parte de la primavera del año pasado. El instrumento PACS de Herschel descubrió partículas de polvo frío en los discos de acreción de las protoestrellas más jóvenes, al observarlas en la banda del infrarrojo lejano. Estos resultados se combinaron con imágenes de archivo de Spitzer, tomadas en la banda del infrarrojo medio, en las que se pueden distinguir formaciones más antiguas y a mayor temperatura. Los astrónomos se sorprendieron al descubrir que el brillo de los objetos más jóvenes variaba hasta un 20% en cuestión de semanas, ya que el proceso de acreción puede durar años o incluso siglos. Ahora están tratando de encontrar una explicación para este inusual fenómeno.

Una posible hipótesis apunta a la presencia de filamentos de gas que estén canalizando material desde el disco exterior hasta la región más próxima a la estrella, calentando de forma temporal el interior del disco, lo que le haría brillar. Otra posibilidad sugiere que se está acumulando material frío en el borde interno del disco de acreción, que proyectaría sombras sobre la región exterior del disco, oscureciéndolo temporalmente. En cualquier caso, queda claro que la gestación de una nueva estrella dista mucho de ser un proceso uniforme y regular.

sábado, 25 de febrero de 2012

Registran un violento huracán cósmico de categoría 5 en la Vía Láctea

El telescopio espacial Chandra de rayos X de la NASA ha registrado los vientos más intensos registrados hasta ahora en el espacio en torno a un sistema binario que contienen un agujero negro estelar masivo llamado IGR J17091 que tiene una masa en torno a diez veces superior a nuestro Sol. El“tornado” espacial se mueve a 20 millones kilómetros por hora, es decir, a un 3% de la velocidad de la luz. A diferencia de los vientos de los huracanes en la Tierra, el viento de IGR J17091 está soplando en muchas direcciones diferentes. La velocidad se ha calculado usando un espectro de iones de hierro realizado hace poco por el telescopio Chandra.

"Esto es como el equivalente cósmico de vientos de un huracán de categoría cinco", dijo Ashley King, de la Universidad de Michigan (EE UU), autora principal del estudio publicado en el último número de la revista Astrophysical Journal Letters. "No esperábamos ver vientos tan fuertes en un agujero negro como este", puntualiza.

Los astrónomos creen que los campos magnéticos en los discos de los agujeros negros son responsables de producir los vientos y chorros. La geometría de los campos magnéticos y la velocidad a la que el material cae hacia el agujero negro debe influir en si los chorros o vientos se producen.

Un exoplaneta hecho de agua


A cuarenta años luz de la Tierra se encuentra un enorme planeta formado en su mayoría por agua y rodeado de una densa atmósfera de vapor. La composición de este extraño mundo acuático ha sido analizada por un equipo de investigadores del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian empleando el telescopio espacial Hubble de la NASA.

Este planeta acuático, llamado GJ1214b, fue descubierto en 2009 y es el primero que se conoce con estas características. "No se parece a ningún planeta conocido hasta ahora," explica Zachory Berta, autor del trabajo, "una gran parte de su masa está hecha de agua." Además, los científicos han explicado que debido a las altas presiones y temperaturas, en este exoplaneta se podrían formar materiales tan exóticos como hielo caliente o agua superfluida.

Los científicos han aprovechado el momento en el que GJ1214b cruzaba por delante de su estrella ya que la luz de la misma, al filtrarse a través de su atmósfera, puede revelar la composición de los gases que la contienen. Los resultados, publicados en The Astrophysical Journal, han confirmado que la gruesa neblina que recubre al exoplaneta no era simple bruma, sino vapor de agua.
El diámetro de este planeta acuático es casi el triple del de la Tierra, y su masa siete veces mayor. Los astrónomos han estimado que esta súper-tierra tiene una densidad de unos 2 gramos por centímetro cúbico, mucho menor que la de la Tierra, lo que indica que en GJ1214b hay mucha más agua y menos rocas que en nuestro planeta.

domingo, 12 de febrero de 2012

Descubren partículas extraterrestres en nuestro Sistema Solar


Astrónomos han anunciado que una sonda de la NASA ha detectado por primera vez partículas de fuera de nuestro Sistema Solar.

El hallazgo no solamente nos permite descubrir lo que existe en el llamado medio interestelar (la materia que se encuentra entre las estrellas), sino también nos ofrece pistas sobre la estructura de nuestra «comunidad» galáctica.

La sonda IBEX (Interstellar Boundary Explorer), que orbita a unos 322.000 kilómetros de distancia, ha recogido muestras de hidrógeno, oxígeno y neón procedentes del espacio interestelar. «Resulta fascinante observar por primera vez materia que no proviene de nuestro Sol o nuestros planetas, sino de fuera de nuestro Sistema Solar», comentó David McComas, director del equipo del programa IBEX, durante una conferencia de prensa de la NASA.

«Se trata de mediciones muy importantes, pues estos elementos son parte fundamental de la estructura de estrellas, planetas y personas».

Un "hoyo en uno interestelar"

Desde su lanzamiento en octubre de 2008, la sonda IBEX ha rastreado los límites del Sistema Solar, lo que llamamos heliosfera.

Esta burbuja de la Vía Láctea se forma por el viento solar, es decir, la corriente de partículas cargadas que soplan constantemente del Sol en todas direcciones.

El límite de la heliosfera se encuentra unas cien veces más lejos de nosotros que la distancia a la que se encuentra la Tierra del Sol, y protege el Sistema Solar de la peligrosa radiación cósmica, puesto que el campo magnético de la heliosfera expulsa las partículas dañinas. Estas partículas son restos de una supernova y flotan en el espacio interestelar hacia nosotros a unos 80.000 kilómetros por hora.

Sin embargo, la mitad de estas partículas de viento interestelar son neutras y «algunas partículas de hidrógeno, oxígeno y neón han alcanzado la Tierra, donde la sonda IBEX fue capaz de detectarlas», confirmó McComas durante la conferencia. «Yo lo llamo ‘hoyo en uno interestelar’», bromeó.

Nuestro Sistema Solar es rico en oxígeno

El análisis de los datos de IBEX comparó los niveles de oxígeno y neón del espacio interestelar con el de los átomos de nuestro Sistema Solar, y los resultados mostraron que nuestro Sistema Solar contiene más oxígeno que el espacio interestelar.

Esto podría significar que nuestro Sistema Solar «migró» a un ambiente más rico en oxígeno, o que hay una gran cantidad de oxígeno atrapado entre el polvo o el hielo del medio interestelar.

Igualmente, la sonda IBEX midió la velocidad del viento interestelar, revelando que se mueve unos 11.000 kilómetros por hora más despacio que lo detectado en registros anteriores.

Al combinar esta información con datos previos de nubes interestelares cercanas, el equipo fue capaz de localizar de forma más precisa nuestra ubicación en el espacio.

Parece, por tanto, que nuestro Sistema Solar se encuentra en el límite de una de las muchas nubes interestelares de baja densidad que se mueve a través de esta región de la galaxia, y parece que podríamos salir de esa nube en unos miles de años.

«Resulta increíble saber dónde está nuestro Sol en relación con las nubes interestelares», afirma Seth Redfield, astrónomo de la Universidad de Wesleyan, en Middletown (Connecticut, Estados Unidos). «Es algo muy importante, porque la estructura de la heliosfera cambia dependiendo si se encuentra dentro o fuera de una nube, y de ello depende, a su vez, cómo nos protege de la peligrosa radiación cósmica».

Los datos de la sonda IBEX son recogidos en una serie de artículos de la edición de febrero de Astrophysical Journal Supplements.  

 
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